Cuenta la leyenda que hace muchos años atrás no existía ningún hombre sobre la tierra, ningún animal, ni árboles, ni piedras, solamente era el cielo y el mar. Los dioses llamados Tepeu, Gucumatz, ixpiyacoc, ixmucané y huracán o también conocido como corazón del cielo, quienes vestían plumas verdes eran los únicos en el mundo, eran conocidos como Serpientes emplumadas por su vestimenta.
En el silencio de las tinieblas los dioses conversaron entre ellos y acordaron que debían inventar la creación, pero como objetivo principal hicieron surgir una intensa luz que iluminó por primera vez la tierra.

Los dioses pensaron en la palabra Tierra la cual en seguida nació del agua donde salieron las montañas que dieron vida a los árboles y en ellas, las flores crecieron.
Los dioses se regocijaron de esta creación, pues el dulce aroma de las selvas nuevas creadas se elevaba. Sin embargo, estas áreas debían ser protegidas, así que decidieron crear guardianes con el deber de proteger las selvas y fue así como tipo de animales fueron creados y ubicados junto a las ramas y troncos de los bosques.

Observaron que estos no mostraban ni un solo movimiento, hasta que los dioses comenzaron a darles órdenes, pues a unos los enviaron a beber agua en los ríos, a otros a dormir en las grutas, a marchar en cuatro patas y a las aves a volar por los aires.
Luego de un tiempo transcurrido se dieron cuenta que los animales no emitían sonido ni les habían otorgado una voz y debido a que el silencio es sinónimo de desolación y muerte decidieron brindarles a cada tipo de animal una voz. Sin embargo, estos solo gritaban sin expresar ni una sola palabra y debido a esto, no invocaban ni adoraban a los dioses, por lo que decidieron condenarlos a vivir en temor a los otros y eso provocó que entre ellos se devoraran sin ninguna repugnancia.
Luego de un tiempo de tristeza por haber creado un ser que no posee un lenguaje se vieron en la necesidad de crear otra criatura que les profesase devoción, se dirigieron al barro y crearon a la primera pareja humana, pero eran tan débiles que apenas podían mantenerse en pie, no podían hablar y además se deshacían con la lluvia, por lo que acudieron a otras ideas para crear a una segunda pareja, la cual fue hecha de madera de árbol para el hombre y de carrizo para la mujer, en un principio todo se veía bien.

La pareja se extendió y se procreó por el mundo, todos poseían un lenguaje y se comunicaban entre ellos por medio del habla, pero éstos tenían un detalle que parecía un problema muy grande para los dioses, ya que nunca elevaron su voz hacia ellos, quienes fueron sus creadores.
Con el paso del tiempo los errores comenzaban a hacerse visibles pues estos hombres vagaban por el mundo sin saber sobre sus orígenes divinos y debido a que eran de madera no poseían memoria sobre su pasado. Tras unos años transcurridos todo parecía bien, hasta que una lluvia densa cayó sobre la Tierra inundándolo todo, causando la desaparición de los segundos hombres, pero dejaron como descendencia a los simios.
Nuevamente, se vieron en la necesidad de realizar la creación de otros hombres que sean capaces de brindarles adoración y reconocer quienes fueron sus creadores. Consideraron que la madera había mostrado resistencia hasta el momento, razón por la cual la utilizaron por segunda vez, pero en esta ocasión le añadieron maíz amarillo y maíz rojo de la siguiente manera; con la madera crearon sus partes rígidas, con el maíz amarillo moldearon la carne y el maíz rojo fue de utilidad para crear la sangre.
Fue así como los primeros cuatro hombres fueron creados, nombrados como «Balam-Quitzé, Balam Agab; Mahu-cutah; e Iqi-Balam».

Tras el exitoso tercer intento de crear a dichos seres, los cuatro hombres fueron interrogados por los curiosos dioses y posterior a ello, demostraron poseer inteligencia y memoria. Pero esto llevó a un dilema entre los dioses Tepeu y Gucumatz, ya que temían que su creación se alzara contra ellos y quisieran ocupar su lugar, así que crearon una especie de niebla que fue rociada sobre los hombres, causando la perdida de una cierta parte de su sabiduría y visión.


Luego de un tiempo, los hombres y mujeres poblaron el mundo, adorando y rezando a los dioses, esta vez sin la posibilidad de llegar al conocimiento absoluto, sin forma de llagar a pensar que podrían suplantar a sus creadores.
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