Sebastián García se adentró en el Cerro Tzumuy junto con su abuelo, quien tenía que recoger zarzaparrilla para unas curaciones que le habían encargado. El anciano sabía que en ese Cerro encontraría la planta que buscaba, pero al recorrer varios lugares se dieron cuenta que encontrarla sería más dificil de lo que pensaban, por lo que decidieron acampar con las gentes que lo llevaban a Tzumuy. No habían buenos lugares para acampar, pero tras una búsqueda de varias horas lograron encontrar una peña que tenía una cueva perfecta para hacer campamento.
Debido al cansancio por la interminable búsqueda de la zarzaparrila no investigaron toda la cueva, así que colocaron su hamaca cerca de la entrada e inmediatame se quedaron dormidos.
Horas después, el sueño del anciano fue interrumpido por una extraña sensación, pues vió un bulto que se acercaba con agresividad a la entrada de la cueva y éste lo empujó para poder salir. A pesar de la oscuridad del lugar, el anciano logró distinguir que esa extraña e inmensa criatura era un felino, sin duda era el felino más grande que hubiera imaginado y visto.
Sorprendido y asustado despertó a sus compañeros y sin perder ni un solo segundo emprendieron una persecusión hacia ese misterioso animal, pero no pudieron atraparlo. Ninguno se había percatado que serían sorprendidos durante la noche, pero no perderían el tiempo en investigar al animal, pues su objetivo principal era encontrar la zarzaparrilla.
Un día después, por fin lograron encontrar dicha planta, tenían como para trabajar una semana, pero el abuelo no se sentía bien ya que presentaba una terrible fiebre. Al transcurrir cuatro días el anciano no daba señales de sentirse bien, provocando preocupación en su nieto Sebastián.
Mientras que los demás se ocupaban en la planta de zarzaparrilla el viejo descansaba y trataba de recuperarse. Una noche que todos dormían, el anciano vio descender de la montaña a un viejito con barba rala, vestido como cahabonero con un gran pañolón en la cabeza y en compañia de un tigre muy grande se acercó a la hamaca, mientras se sentaba en una piedra junto a él este le dijo: «Te encuentras muy enfermo y por eso vine a verte», a lo que el abuelo respondió «Estoy muy enfermo, me estoy muriendo».
«A causa del susto por ver a mi mascota te enfermaste muy gravemente, es por eso que se lo regalé a un cordelero de Chichimuch, pero él le vendió el cuero al cura de Cahabón. Te recomiendo que regreses rápido y consigas unos pelos de la cola y la barba de ese cuero, con esos pelos debes hacer deshumazón y te aseguro que con eso te sentirás mejor», comentó el misterioso viejo.
Dicho esto, el abuelo comentó a sus compañeros lo que el viejo le había dicho y de inmediato se dirigieron de regreso al pueblo. Al llegar fueron a buscar al cura para preguntarle sobre el cuero del tigre y éste les dijo que hace unos días había comprado un cuero muy grande, probablemente pertenecía al tigre de quien hablaban.
Siguiendo las recomendaciones que el viejo del cerro le dijo al abuelo de Sebastián logró curarse. Hay quienes creían que el abuelo ya no volvería a ser el mismo después de esta aventura en el cerro, pero es el mismo hombre que era antes de entrar a dicho cerro, un hombre sano y fuerte.
Fuente: publirutagt.com




