Cuenta la leyenda que cerca de San Pedro La Laguna habitaban unos muchachos, quienes eran muy valientes y atrevidos pero imprudentes en ocasiones.
Se encontraban en marcha por un camino cerca de un barranco, de repente escucharon un sonido parecido al tropel de los cascos de caballo, sin percatarse que este venía desde el otro lado del camino directo a ellos, ambos fueron derribados al suelo, sin darles oportunidad para ponerse a salvo. Desde el otro lado del camino escucharon una voz que suavemente les decía «Patojos, tengan cuidado. Esto solo fue una advertencia, para que no busquen lo que no pueden comprender. Conozco sus intenciones, tratan de demostrar que no existimos. ¡He aquí su prueba! Si alguien más se atreve a buscarnos, no saldrá caminando.»
Los muchachos no se podían mover y de nuevo escucharon la voz diciendo “Levántense, sigan conmigo, tomen sus palos y sus machetes, con los que creían poder defenderse contra mi poder”.
Minutos después, lograron estabilizarse y al alzar la mirada descubrieron lo que estaba del otro lado del camino. Sorprendidos y aterrorizados encontraron la presencia de una silueta vestida con una túnica, descalza, hablando un lenguaje extraño que al parecer parecía que estaba rezando. Cuando la silueta comenzó a dirigirse lentamente hacia ellos, se distinguía su cadavérico rostro y esqueléticas manos con las cuales quería tocar a los muchachos. Sin embargo ellos batallaban por escapar, pero sus pies no respondían.
La aterradora figura misteriosamente se desvaneció, nuevamente los jóvenes recuperaron la habilidad de moverse. Mostraban una apariencia de haber sufrido un accidente, ya que tenían sus rostros sucios y la ropa rota. Luego de varios días transcurridos sus familiares y amigos los encontraron, al final de la aterradora aventura los abuelos les advirtieron que con las fuerzas sobrenaturales no se tiene que pelear o tendrán que atenerse a las consecuencias.




