Sara le comenta que posiblemente pudieron haber sido los “penitentes de la noche”, dicho esto María corrió hacia su casa para avisarle a su hijo Luis lo que estaba provocando los sonidos extraños, le indicó no salir si en algún caso el viernes del próximo mes se le ocurre salir a investigar de qué se trataba.
Con el transcurso del tiempo se llegó el primer viernes del mes, Luis se encontraba de regreso a su casa pero de pronto escuchó unos quejidos y llantos, como si fuese un hombre golpeado quien imploraba ayuda. La curiosidad invadía su cabeza así que al llegar a su casa decidió echar un vistazo por la ventana pero no vio solo a un hombre, de hecho miraba muchos hombres quienes iban vestidos con una túnica negra, dicen que estos seres extraños suelen hablar con algún tipo de idioma, ya que éstos iban exclamando frases de perdón por sus pecados y reconociendo su culpabilidad. Uno de ellos se le acercó al muchacho y le obsequió un cirio pero éste le dijo que lo guardara para el próximo mes que volvieran a aparecer, esto sucedió minutos antes que Luis se desmallara por el asombro.
Doña María muy asustada se acercó de inmediato a su hijo para ver que le había ocurrido, segundos después recuperó la conciencia y su madre corrió a la cocina para darle algún remedio que lo calmara. Cuando se retiró de la habitación, el muchacho pudo apreciar como extrañamente el cirio se convertía en un hueso porque su madre lo había visto, por lo que inmediatamente lo guardo en un cofre.
Se llegó el siguiente mes y a escondidas de su madre salió en busca de los penitentes con el hueso en la mano, al verlos rápidamente se acercó al que le había obsequiado el cirio y el ser extraño le dijo “Hermano, me traes de vuelta el cirio que te di” pero luego de ver que no era el cirio sino un hueso lo que le iba a dar le dijo: “Esto debe ser una broma, yo te di un cirio ¿lo has perdido verdad?”.
El muchacho muy aterrado y desconcertado de lo que estaba sucediendo trató de explicarles lo que había sucedido, pero los penitentes ni si quiera escucharon razones, por lo que todos exclamaban con enojo “traidor no mereces vivir te hemos dado uno de nuestros mayores tesoros y así nos pagas”.
La decisión fue tomada y sin pensarlo dos veces lo tomaron del brazo y lo llevaron con ellos, lo vistieron de negro y le dieron otro cirio. Realizaron un ritual en el que se pretendía quitarle la vida al muchacho, esto con el propósito de llevarse su alma y tener a un miembro más. Se dice que desde ese momento el primer viernes de cada mes doña María escuchaba el alma de su hijo penando junto a los penitentes.




