La pequeña Verónica

por | 10 Ago, 06 | Relatos | 0 Comentarios

Karen, una joven de Mazatenango que estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Junto con otras dos chicas alquilaron un cuarto cerca de la Universidad para que los gastos fueran menores.

Durante el segundo curso, en una noche de verano en la que estaba sola, cuatro golpes fuertes tocaron a su puerta. Karen creyó que se trataba de algún amigo con el que salir a tomarse una copa, pero se trataba de una niña de alrededor de siete años.

La niña, de hermosos canelones y grandes ojos claros vio a Karen y le dijo que se había perdido y que su nombre era Verónica. Karen la dejó entrar, le preparó un vaso de leche y le dijo que iban a ir a la policía. Verónica le rogó que no lo hiciera esa noche pues tenía mucho sueño y quería dormir. Karen accedió y le preparó la cama. Por la mañana temprano cuando Karen iba a llevarla a la policía, entró en el cuarto y vio que la niña no estaba.

Un año después en idéntica situación, la niña volvió a aparecer. Parecía que no había crecido nada. De nuevo Karen le preparó la cena y le dejó dormir pero al día siguiente Verónica volvió a desaparecer sin dejar rastro.

Karen fue a la policía y dio todos los datos de la pequeña pero no se habían producido denuncias ni nadie había reclamado una desaparición. Tras dar muchas vueltas, Karen llegó al Hospital de Juan Pablo. Un hospicio para niños y niñas huérfanos. Allí la madre María, le explicó que no tenían ninguna niña de esas características.

Justo cuando se disponía a salir Karen del lugar, otra monja llegó con un calendario de dos años atrás. Allí estaba la foto de Verónica, tal y como Karen le había visto. – Sí ¡es ella! – gritó. Las dos monjas se miraron extrañadas – Verónica murió hace dos años, le comentaron.

Aquella noche, cuatro golpes fuertes tocaron en la puerta de Karen. La muchacha observó por la mirilla de la puerta. Allí estaba de nuevo Verónica, con los brazos cruzados y cara de enfadada. – Has tardado mucho en abrirme, tengo hambre y sueño – Dijo la niña.

Karen aterrada preparó todo como lo había hecho habitualmente. Cuando acostó a Verónica no pudo soportar la tentación y entró despacio a su habitación. La niña estaba totalmente arropada. Karen retiró la sábana y bajo la misma, como un suspiro pareció desvanecerse el cuerpecito de Verónica. Sobre la almohada, con letra infantil y varias faltas había una nota «Gracias por la leche y los cuidados, ahora tengo que irme pero luego volveré y me llevaré a las otras dos chicas que no me dejaron entrar a tu casa

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