La Casa de los Horrores

por | 9 Oct, 07 | Relatos | 0 Comentarios

Mis amigos y yo fuimos a la feria que había cerca de nuestro trabajo, era viernes y aunque estábamos cansados se nos ocurrió ir, era una empresa de espectáculos nueva...

Mis amigos y yo fuimos a la feria que había cerca de nuestro trabajo, era viernes y aunque estábamos cansados se nos ocurrió ir, era una empresa de espectáculos nueva, el año pasado estuvo muy decepcionante, pero en fin, era una vez al año y no perdíamos nada.

Este año lo hicieron en los separos de un antiguo rastro, la ambientación se veía bien. Yo les dije:
– OK vamos, pero si vemos una fila de más de 200 personas olvídenlo, yo no voy a formarme 3 horas para estás sólo 20 minutos en algo muy mediocre.
– Pues está vez anunciaron que va estar súper terrorífico y además ya va a oscurecer, ándale, no seas aguado.
– OK, OK va.
Llegamos a buena hora puesto que no se veía demasiada gente, José, Arturo, Donají, Javier y yo estábamos listos para entrar, compramos los boletos por Internet antes de salir y ya los habíamos pasado a recoger en una tienda de discos.
– ¡Bienvenidos a La Casa de los Horrores!
Yo hice la mueca de bostezar, la verdad sólo iba por inercia, pero en realidad ya estaba harto, todos los años es lo mismo en esta ciudad, se anuncia como la gran experiencia del horror y terminan siendo unos fulanos golpeando unos tubos con unos disfraces pésimos.
– Veo que usted tiene un poco de escepticismo señor – dijo el maestro de ceremonias vestido todo de negro y rojo-
– No se crea continué
– Podemos hacerle sentir verdadero pavor si usted pide el “trato especial” al mi compañero vestido de monje en al entrada.
– Muy bien, muy bien – dije en tono automático- se lo diré al monje locooou

El maestro de ceremonias me miró con ojos sarcásticos y condujo al grupo formado por mis amigos hacia el interior de la atracción. Toqué como me dijo y le pedí al moje “el trato especial” de pronto unas manos nos aventaron a mí y a mis amigos par dentro de una cortina que bajaba a una rampa, rodamos unos cuantos segundos y cuando paramos, estábamos dentro de un túnel extraño, y oscuro.

Comenzamos a caminar y oíamos los quejidos de unos cerdos, justo antes de ser degollados en el matadero. Escuchábamos la sangre correr y los órganos caer, Donají se abrazó a Javier y comenzamos a caminar a través del túnel.
– Oye mía, que esos ruidos se oyen muy reales
– Yo quisiera que dejaran de oírse esos cerdos, me ponen muy nerviosa
– Hmmmmm…. De eso se trata boba, de ponernos nerviosos
De pronto un fuerte golpe se escuchó en un panel de madera que estaba junto… el frío nos calaba y los golpes en la madera se oían muy fuertes, demasiado fuertes… hasta que se rompieron, de pronto dos hombres con una mascara de cerdo…. No eran mascaras, eran cabezas de cerdo cortadas como mascaras nos empezaron a perseguir, uno llevaba una cierra, el otro un hacha….
José dijo – Wow, esto sí se ve real- pero de pronto el hombre con la cierra comenzó a cortarlo de verdad, él gritó de dolor, le cercenó las piernas ante nuestras incrédulas miradas, sus gritos fueron terribles, luego le siguió con los brazos dejándolo como si fuera una especie de gusano humano, su sangre brotó por sus venas y nos derramó en la cara, Donají comenzó a gritar histérica y Javier y yo la jalamos hacia la salida del túnel para escapar, cuando volteamos a ver al otro hombre con la cabeza de cerdo usada como mascara vimos que le había asestado un golpe mortal a Arturo, directamente en medio de la frente, los gritos de los cerdos se escuchaban cada vez más fuertes mientras corríamos hacia el final del corredor, cuando llegamos, nos cegó la luz de unos reflectores… estábamos en un rastro real, y los animales estaban siendo sacrificados, comenzamos a pedirles ayuda a unos trabajadores que estaban por ahí, pero lo único que hicieron fue reírse, confundiendo todo con alguna broma y la sangre de nuestros amigos, con la de los animales sacrificados.

Cuando salimos a la calle eran las 3 a.m., y nadie nos ayudaba, buscamos con desesperación una patrulla, pero al dar la vuelta en una esquina, uno de los hombres que nos perseguían tomó a Donají del brazo y se la llevo dentro de una casa con al puerta abierta y las luces apagadas. Yo quería seguir corriendo pero a Javier le ganó lo héroe y se emitió a la casa, no me quedó otra alternativa que seguirlo. Cuando entramos notamos que había un fuerte hedor, subimos las escaleras y cuando entramos vimos el cuerpo sin vida de José, sin piernas, ni brazos y empalado en un tubo, y el cadáver de Arturo en suelo con el hacha aún en la frente.

Escuchamos una risotada y cuando volteamos estaba el maestro de ceremonias y uno de los hombres con cara de cerdo sujetando a Donají, en eso la degolló en frente de nosotros y vimos con impotencia como se tambaleaba y temblaba enfrente de nosotros.
Alguien apagó la luz y me sujetaron y a Javier también, yo golpeé con todas mis fuerzas al hombre cerdo que me sujetaba y salté por la ventana hacia la calle, caí justo arriba de una patrulla del otro lado de la calle, cuando desperté estaba en el hospital.

Habían pasado dos días en que estuve en coma, alguien tenía la televisión prendida, era un noticiero…

– Y lo que parecía ser una inocente casa de los sustos era un centro de secuestros para jóvenes, a quienes sus familias eran avisadas cuando ya estaban muertos, el dinero se pedía pero todos los afectados fueron hallados sin vida en una casa cercana al rastro dónde se ubicaba la casa de los sustos… Parece que la selección de las víctimas era al azar o si había algún patrón todavía no lo descubrimos, ya que para la mayoría de la gente que entraba, la atracción era una casa del terror común y corriente, con actores gritando y haciendo ruido.
– ¿Y qué viste? – dijo un reportero entrevistando a una chica
– Pues nada, no vimos nada extraño, entramos todos con cara de miedo, no sé quizás por eso los secuestradores se apiadaron de nosotros, porque nos vieron con cara de miedo, yo vi a unos chavos riéndose antes de entrar y a uno lo reconocí por la foto de los desaparecidos que nos enseñó la policía.
– Gracias…. pues mira Adela, parece ser que hubo un muchacho que logró escapar, su estado de salud se reporta como delicado, aunque ya está fuera de peligro, se espera a que salga del estado de coma en el que se encuentra para poder interrogarlo.

Pasaron las horas me quedé dormido
-¡ AAAAAAAAAAAAAAAAhhggg ¡ – vino un doctor a ver que me ocurría- Nada, ya estoy bien doctor, soñé con los gritos de los cerdos en el matadero.

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