Cuenta la leyenda que desde hace mucho tiempo en la localidad guatemalteca de Cinach-Mecallo habitaba una joven que en su tiempo libre le gustaba nadar en las aguas de una laguna oculta entre las grutas, se asegura que era la hija del señor de la comarca.
Una tarde, la chica se encontraba en dicha laguna y mientras se bañaba una voz extraña le dijo; «Cruzando la laguna, hallarás las huellas de un varón mozo. Si deseas conocerlo, síguelas».
A la chica se le había advertido no hacerle caso a la temible voz, pero ésta fue profundamente intrigada así que decidió escuchar las indicaciones que la extraña voz le decía y aún sin comprender el propósito de su misión salió del agua y observó las huellas.
Luego de unos segundos, nuevamente la voz le dijo «sigue las huellas, él estará esperando por ti en la otra gruta». Así lo hizo y ansiosa por verlo, llegó a la caverna en donde un hombre con una brillante capa de plumas se encontraba sentado sobre una roca.
«Acércate, no te haré daño», exclamó el hombre y se presentó a ella diciéndole que era el príncipe de los murciélagos. Le comentó que desde hace un tiempo la había visto en la laguna y le explicó que la misteriosa voz la guió hacia él porque deseaba que la jovencita fuera su esposa.
La chica se quedó inmóvil y muy asombrada, pero el muchacho continuó diciéndole; «Si aceptas, debes saber que me alejaré con frecuencia», la muchacha sin quitarle la mirada le dijo que aceptaba, parecía como si estuviera hechizada.
Con el transcurso del tiempo, se casaron pero al pasar apenas unos días, los campos fueron invadidos por ratones que acabaron con todo el maíz amarillo. Los habitantes del lugar protestaban que era un castigo que habían enviado los dioses por el extraño casamiento.
Entonces, el señor de Cinach- Mecallo mandó a llamar a su hija y para detener las murmuraciones, le ordenó buscar nuevas semillas de maíz y presionada por la pena de muerte que mandaba la ley no tenía otra opción más que obedecer.
La jovencita muy preocupada buscó por todo el lugar las semillas sin ayuda de su esposo, pues éste no estaba. Tras una búsqueda de varias horas decidió descansar en el refugio de una gruta pero se quedó dormida.
El príncipe de los murciélagos estaba junto a ella cuando despertó y con su voz suave le dijo; «Confía en mí, esposa. Dile a tu gente que prepare la tierra para el sembrado. Esta Luna llena, arrancará tus dientes, y luego los sembrarás. Te prometo que no sentirás dolor, y que, harás nacer un hermoso maíz».
Se cree que desde entonces en Cinach- Mecallo, crece maíz de grano blanco como los dientes de la joven y el pueblo jamás volvió a pasar hambre.
Fuente: cuentosdedoncoco.com




