Un día como cualquier otro el niño decidió salir de su casa sin comentárselo a su madre, quien se encontraba haciendo el que hacer de su hogar sin preocupación alguna. Cuando se llegaron las siete de la noche, la madre comenzó a preocuparse por su hijo, quien se encontraba propenso a sufrir algún incidente en la calle.
La madre se sentía muy angustiada y se preguntaba a donde pudo haber ido su hijo. Transcurrida media hora después de las siete de la noche en su casa escuchó que alguien la llamaba a su puerta y de inmediato se dirigió a ella. Los vecinos del lugar se encargaron de transmitirle la terrible noticia que la dejó paralizada, pues lamentablemente su hijo había muerto. Se desconocían las razones de su muerte y hasta la fecha aún no se sabe.
Su madre entristeció mucho ya que se trataba de su único hijo a quien amaba a pesar de su comportamiento. Hay quienes aseguran que fue un castigo que recibió el niño por haberse comportado de esa manera con su madre durante tanto tiempo, otros dicen que solo fue mala suerte.
Tiempo después de haber velado y enterrado al niño se llegó otra noticia de la cual la madre debía estar enterada, por lo que los vecinos nuevamente corrieron a buscarla.
Dos de los vecinos se acercaron a la madre y desesperadamente le dijeron que en la tumba de su hijo misteriosamente apareció una mano, se rumora que es del pequeño y hay quienes aseguran haber escuchado gritos de un niño que decía «Mamá, mamá… perdóname». Se cree que Dios mandó al niño a pedirle perdón por haberse portado tan mal durante el tiempo que estuvo con vida pero también a que recibiera el castigo que su madre le daría, esto era para que él pudiera salvarse. Luego que la madre escuchó sus disculpas el alma del pequeño desapareció de la tumba y se fue para descansar en paz.
Fuente: mitosyleyendasdeGuate




