Don Luis no notaba ningún progreso con dicha máquina lo cual afectaba a la producción, se preguntaba que estaría sucediendo con los trabajadores. Sin embargo el capataz llegó con la novedad de que la caña estaba siendo afectada por algo muy extraño.
Dicho esto, don Luis se dirigió muy furioso a las plantaciones debido a que las cosas no salían como él quería, pues al llegar al campo culpó a todos los trabajadores por la mala cosecha. Los empleados se preguntaban qué era lo que hacían mal, pero nadie había tenido la culpa pues los encargados de cortar la caña comentaron que lo hicieron correctamente pero al amanecer misteriosamente había aparecido descompuesta.

Don Luis tenía un hijo conocido como el pequeño Luis, quien comentaba lo sucedido con su amigo José y este le comentó que los culpables de haber perjudicado la cosecha eran los tzipitíos por lo que los empleados estaban en lo correcto. El pequeño Luis no sabía a qué se refería su amigo, así que decidió preguntar a don Eusebio.
Les explicó a los niños que en el monte viven pequeños hombrecitos a los que no les gustaba que manipularan sus pertenencias las cuales se consideraban sagradas, se trataba de unas piedras que al ser movidas de su lugar se consideraba como una falta de respeto hacia los dioses y hacia dichos seres pequeños, por lo que estos castigarían al culpable.
Don Luis se sentía muy preocupado debido a que la producción empeoraba cada vez más, pero aún no tenía muy claro el por qué. Sin embargo el pequeño Luis quiso contarle todo lo que Eusebio les había explicado sobre los tzipitíos, pero don Luis parecía muy ocupado ya que no accedió a escuchar a su hijo.
Después de unos minutos de insistencia don Luis puso toda su atención a lo que el pequeño Luis tenía que decir con tanta urgencia, y este le comentó que si no quería que la producción empeorara debía devolver las piedras y todos los objetos que había removido del lugar sagrado y después de hacerlo notaría el cambio. Don Luis no estaba convencido de lo que su hijo le había recomendado pero decidió hacerlo luego de enterarse que la cosecha nuevamente estaba mal.
Al pasar los días don Luis reunió las pertenencias de los tzipitíos para devolverlas al lugar sagrado, con la esperanza de que volviera a la normalidad la cosecha. Pocos días después notó que la cosecha ya no se había arruinado, por lo que don Eusebio afirmó que los tzipitíos ya no los molestarían más gracias a que devolvieron sus pertenencias. Don Luis prometió respetar de ahora en adelante las creencias y prácticas de otras personas, en especial a los tzipitíos.
Los Cañaverales en Mazatenango
Se dice que en los campos donde se cosecha la caña se han registrado algunas que extrañamente salen amargas, pero esto es debido a los enanitos que aparecen entre los cañaverales más conocidos como «Uines», se ha visto a dichas criaturas regularmente en las primeras horas de la noche. Éstos agarran las cañas que después del corte quedan tiradas y las chupan.
Se cree que para que los Uines ya no se acerquen a los cañaverales hay que colocar una cruz de ocote, pero ésta debe estar forrada con un paño rojo y de esta forma las pequeñas criaturas se asustarán al verla, por lo que saldrán corriendo y no se volverán a acercar de nuevo.
Fuente: publirutagt.com




