En ese lugar se encontraba gente trabajando de un lado a otro, como mujeres cocinando y limpiando, hombres acarreando basura, rajando y cargando leña, arriando ganado, matando cerdos y muchas tareas más. El lugar era como se describía, tenebroso, frío y sombrío. El ser misterioso le indicó las tareas que debía realizar Tirso en la panadería, y antes de retirarse le comentó: “Todo lo que veas aquí, no se comenta ni entre los trabajadores y todo lo que aquí pase, aquí se queda”.
Al permanecer unos días en aquel lugar, Tirso se dio cuenta que se vivía al revés ya que se dormía de noche y el trabajo empezaba a las 6:00 de la tarde. Le indicaron que se debía hornear un pan raro, negro y sin sabor, mientras que las cocineras preparaban grandes cantidades de comida para que las otras mujeres la sirvieran en unas mesas largas sin comensales.
A los trabajadores se les ordenaba salir de los comedores una vez que ya estuviera servida la comida, pero sin ver quiénes iban a comer, minutos después se les autorizaba regresar para recoger los platos, los cuales dejaban sin ninguna sola migaja por lo que estos parecían relamidos.
Parecía insalubre que a los empleados les daban la peor comida, por otro lado la mejor se les servía a los misteriosos comensales. No se hablaba entre los empleados lo que sucedía en ese lugar, tal y como se les había indicado antes de laborar.
Con cada día que pasaba, la curiosidad de Tirso aumentaba cada vez más al ver los platos que salían prácticamente limpios de aquellos comedores. Se preguntaba ¿Quiénes podrían llegar con tanta hambre como para no dejar ni una sobrita de comida?, por lo que un día Tirso decidió desengañarse, ocultándose detrás de una puerta y por la rendija logró ver quienes llegaban a comer cada noche sin falta. Al descubrirlo, se llevó el susto de su vida ya que al estar servida la comida salieron del lugar cientos de cabros cornudos poniendo los cascos sobre la mesa, lamieron los platos hasta terminarse todo.
El susto provocó que Tirso se sintiera enfermo y pasó algunos días en cama, deseando que aquel hombrecito que lo trajo regresara algún día para poder salir de ese terrorífico lugar. Logró recuperarse del susto pero sus labores habían cambiado debido a su ausencia. Ahora debía trabajar en el rastro destazando animales para el consumo, y como primera tarea le correspondía matar a una vaca robusta pero Tirso no acostumbraba a destazar animales. Sin tener opción tomó el hacha para intentar cortarle la cabeza a la res, pero antes de hacerlo ella le gritó: «No me mates mijo, soy tu tía». Aterrado y confundido no creía que la vaca le estuviera hablando y peor aún, diciendo que era su tía.
Le comentó que las personas que practicaban magia negra en la tierra se iban directo a aquel horrendo lugar siendo encerradas sus almas en animales convirtiéndose en esclavas nocturnas del demonio. “Los cabros que viste devorar la comida en las mesas, no son más que legiones del cachudo” agregó la tía. Tirso deseaba salir de inmediato de ese lugar, por lo que su tía le aconsejó fingir que aún seguía enfermo y que pidiera a otro empleado que matara a la vaca para pedir que lo sacaran de allí. Tirso obedeció a su tía, así que pidió regresar a su tierra con la excusa de estar enfermo.
Al siguiente día cuando apareció el hombrecito jinete le agradeció la oportunidad de trabajo y antes de montarse en el caballo le dijo: “toma estos dos costales y llénalos de carbón, que te los vas a llevar”, después de llenar los costales emprendió el viaje de regreso y de nuevo le pidió que se vendara los ojos, volvió a pasar por aquellos lugares donde se escuchaban lamentos y susurros, al igual que el olor a azufre. Durante el camino, escuchó el canto de los pájaros, lo cual le indicaba que ya estaba de regreso por lo que se quitó el pañuelo de los ojos.
Lo curioso es que aquellos costales llenos de carbón sorprendentemente se habían convertido en bolsas llenas de monedas de plata, desde ese entonces Tirso era uno más de los que desaparecían por meses para ir a trabajar al Cerro Colorado. Un dato interesante e impactante es que al estar de regreso a su aldea logró llegar a tiempo al entierro de su tía, la cual tenía fama de bruja. Cabe mencionar que la historia de Tirso podría ser parte de las leyendas del lugar.




