Creo que una leyenda urbana recurrente es el de la aparición en la carretera. Una carretera solitaria, oscura en medio de la noche y alguien o algo que llama nuestra atención y -dicen- provoca un accidente o salva de tener uno.
Aquí cerca de donde yo vivo hay una pedanía llamada «La Aparecida», un nombre muy descriptivo, y la leyenda dice que un hombre, joven, de unos veintitantos años, conducía un coche (es de suponer que sea en una época en la que habían pocos coches por aquí, porque esto tiene sus años) por un camino. Era de noche y estaba oscuro, pero cual fue su sorpresa cuando vio a una chica joven, perdida junto al camino.
La chica le hizo una seña como para ver si podía subir. Él paró y la montó en el coche. Ella le explicó que estaba en la verbena del pueblo de al lado y que se había perdido al volver a casa. Él le dijo que no se preocupara, que la llevaría a casa.
El chico la dejó en su casa y vio como ella se despedía y entraba. Al día siguiente fue a limpiar el coche y vio la chaqueta de la chica. Se la había dejado olvidada.
El joven fue a la casa de la chica. Llamó a la puerta y salió una anciana de aspecto amable. Cuando él le enseñó la chaqueta y le dijo que su hija se la había olvidado en el coche la noche anterior, la madre tomó la chaqueta y la abrazó, llorando desconsolada.
«No puede ser, mi María murió de cáncer hace 5 años».
El chico se quedó helado. Del bolsillo de la chaqueta se cayó una nota que, escrita a mano ponía: «Te quiero mamá. Firmado: María; Gracias Víctor por traerme la chaqueta»
El chico, que se llamaba Víctor, y la madre, petrificados, se abrazaron llorando.
Quizá desde el cielo les veía, ya descansando en paz, la joven difunta María. La aparecida que dejó de aparecerse a los conductores cuando un buen chico la llevó a su casa y que dio nombre a una pequeña pedanía.




