Un día Yani estaba en la cocina. Se estaba lavando las manos cuando de pronto escuchó unos ruidos muy extraños que salían de su lavabo. Era como si alguien estuviera lamentándose. Yani decidió cerrar el grifo y no le dio importancia. Se fue a su cama a dormir.
La niñera (los padres de Yani habían salido) empezó a contarle un cuento para que se durmiera. Yani, muy atenta, lo escuchaba. Terminado el cuento la niñera salió, pero Yani le gritó que no apagara la luz. La niñera trató de tranquilizarla: ‘Vamos, Yani, no te va a pasar nada’. Pero cuando salió del cuarto Yani la llamó: ‘Hay algo debajo de mi cama’. La niñera le dijo que allí no había nada, y para demostrárselo se agachó y echó un vistazo debajo de la cama.
Al final Yani se durmió, pero la niñera dejó conectado el interfono por si acaso. Mientras Yani dormía, la niñera se puso a hablar con una amiga. De pronto algo raro sucedió en el cuarto de Yani: alguien había desconectado la radio y había apagado la lámpara.
Tiempo después se empezaron a escuchar unos gritos horribles. La niñera y su amiga corrieron hacia el cuarto de Yani, pero la puerta se cerró de pronto. Las dos se quedaron calladas por un segundo. De pronto de abrió la puerta y entraron cuidadosamente.
La niñera se quedó impactada con lo que había visto: todo el cuarto estaba lleno de sangre y Yani no estaba. Pero de debajo de la cama Yani pedía ayuda. La niñera corrió rápido para sacarla de allí. Pero todo el esfuerzo que hizo fue en vano: la cama se había llevado a Yani.
Lo que había realmente debajo de la cama nunca se supo. Yani murió y tanto la niñera como su amiga quedaron en estado de shock. Lo más raro fue que durante la investigación se descubrió que había salido mucha sangre por el lavabo. Tal vez Yani esté en todos los lavabos. Hasta en el tuyo, o ya te esté esperando debajo de tu cama…




