Todo lo que tengo que decirles es por experiencia propia.
En el año 2002 fui de vacaciones con unos primos a la ciudad de Retalhuleu. Ahí conocí a una tal Verónica (no me dijo su apellido), una hermosa mujer de tez blanca, ojos verdes y cuerpo de diosa.
No recuerdo cómo comenzamos a hablar, pero yo me sentía en las nubes y no quise parecer un cobarde cuando me sugirió de jugar con ella a la OUIJA y créanme, desde entonces mi vida cambió hasta el punto de no hablar con mis amigos o padres, tener miedo a estar solo y sentir escalofríos al ver el color rojo. El rojo es el color de la sangre, y verónica se identifica con la sangre, la cual es sinónimo de dolor, tortura, sufrimiento.
Nunca jueguen con Verónica, la hija del demonio. Ella juega con tu alma de noche y lo tortura con pesadillas insoportables…
Si lo hacen aténganse a jugar con los principios de los espíritus, con enanos negros o con sombras, porque ambos son las mascotas del demonio… Criaturas inhumanas de sufrimiento sobrehumano, que te comen la cabeza hasta volverte loco.
Esto no lo hago por diversión, si no por la seguridad de quien no ha jugado con Verónica, quien gracias a sus encantos puede convencerte de cualquier cosa. Lo que me pasó a mi fue traumático, y no quiero que ustedes lo vivan también, tengan todas mis palabras en cuenta.
Relato enviado por Andrés López de la Ciudad de Guatemala.




