El joven deseando continuar con las misma actitud, viajó a Chichicastenango, Guatemala a buscar al famoso curandero de la región «Don Eulogio». Como presente llevó al curandero un cuadro de plata.
Estando en casa del médico o curandero, le solicitó la preparación del remedio que necesitaba para apoderarse del amor permanente de tres mujeres, las cuales, a su vez, de acuerdo con un aviso previo, habían tomado la decisión de abandonarlo.
El curandero asistió a su ruego. A los tres días de permanencia en casa del médico, éste lo llevó a visitar una plantación de «maíz», ordenándole pasara por encima de ella hacia adelante y hacia atrás.
El joven cumplió la orden. Y luego el curandero le dijo: «Esto es suficiente para la consecución de tus deseos, pero te advierto que te debes abstener de ir a la casa de las muchachas durante un mes. Pasado ese tiempo puedes ir a visitarlas. Si desobedeces esta orden te sucederá algo malo».
El joven desatendió el mandato del curandero y a los ocho días de su regreso, fue a visitar a las muchachas. Ellas, al ver al joven, salieron a recibirlo y una de ellas acercándose, le dijo: «Oye, puede que tengas pulgas en la cabeza, voy a despulgarte». Luego se acercó la segundo diciéndole: » ¡Ea! seguramente tienes pulgas en la ropa, voy a quitártelas». La tercera, sin dirigirle la palabra, le ató el cuello con una gruesa soga.
Estando atado, las jóvenes lo llevaron hasta un enorme árbol, donde le sujetaron entre dos ramas para evitar su movimiento y dejándolo allí se fueron para la casa.
Al día siguiente las tres muchachas se dijeron: » Vamos a soltar al perro, puede que allí este todo cansado y enfermo. Al llegar las 3 mujeres al lugar del suplicio, sólo encontraron los restos de aquel perro que se les apareció de la nada y que ellas quisierón adoptarlo y amarlo hasta el dia de su muerte.
La desobediencia y el mal comportamiento del joven fueron castigados con la pérdida de la vida.




